jueves, 10 de diciembre de 2009

Un almuerzo horrible

Por el barranquillero promedio

Una historieta de Justo y Franco sobre comida en cafetería de grandes almacenes presagió cual sería el futuro de los barranquilleros que tuvieran que comer allí a finales de la primera década del siglo XXI. El menú de la historieta era:



¿Qué tal? No más me fui a comer hoy un corrientazo en la cafetería de un gran almacén bien cachetoso: arroz amarillito, carne en bistec, espaguetis con chorizo, papas a la francesa, sopa de pollo y gaseosa. Las dudas empezaron con la sopa de pollo: tenía demasiado pollo, y de eso tan bueno no dan tanto. Recordé entonces que en la cafetería también vendían pollo asado y que el pollo de la sopa era el que no habían vendido ayer, despojado de su respectiva piel. Paso con la sopa.

Ataco las papas a la francesa. No tengo idea todavía si son del día de ayer, pero están retostadas y nada frescas. Paso con las papas. Cuando voy a los espaguetis, recuerdo que también venden chorizos en la cafetería. ¿También estarían reciclándolos? Y para rematar la carne estaba tiesa. Mejor dicho, la sola duda me mantiene indigesto.

Algunos tips para quienes les toca almorzar afuera y no pueden llevar el almuerzo de su casa:
  • Si les gusta la sopa, pidan entonces el sancocho del día. Es más costoso, pero es del día.
  • No pidan el arroz trifásico. Debería llamarse arroz de sobrantes o arroz de lo que no se vendió en toda la semana.
  • El fricasé de pollo, el chop suey de pollo o cualquier preparación de éste que no sea frita o asada, es muy probable que sea reciclada.
  • Otra fuente de reciclaje el muy mal llamado gulash, que normalmente no tiene que ver nada con el original.

´Parafraseando a Forrest Gump: “El corrientazo del día es como una caja de chocolates; nunca sabes lo que te va a tocar.” Pero puedes intentar, digo yo.

La pantomima anual del salario mínimo


Así como la navidad trae el pesebre, el arbolito, los regalos y las celebraciones, también nos trae la más tradicional pantomima de todos los años: la negociación del salario mínimo del año entrante.

Al caer diciembre, se reúnen los representantes de los gremios, los sindicalistas y el gobierno para concertar cual será el salario que devengarán 4 millones de colombianos a partir del año siguiente. El salario mínimo es un punto de referencia que puede determinar inmediatamente el aumento de otras prestaciones sociales, el incremento en las cotizaciones de seguridad social; incluso las multas fijadas por las entidades estatales muchas veces están fijadas en salarios mínimos mensuales legales vigentes.

Para ello, los sindicatos que no representan al grueso de la población trabajadora colombiana, sino al grueso de los empleados que trabajan para las diferentes ramas del estado, y que se ganan su salario con los impuestos que pagamos, solicitan este año un aumento del 8%. Algo razonable, si se recuerda que durante muchos años el salario mínimo se aumentaba no sobre la inflación causada, sino la esperada para el año siguiente. Desde ese punto de vista el gobierno y los gremios les deben sin duda a los trabajadores.

Para los empleadores, no solo se incrementan los costos laborales sino también los parafiscales: las contribuciones a Subsidio Familiar, ICBF y Sena. Para el gobierno, si bien se pueden incrementar los recaudos, también se incrementan los pagos de indemnizaciones por demandas, por ejemplo. De acuerdo a la política monetaria, si hay más plata circulando para comprar los mismos bienes y servicios disponibles, se disparará inevitablemente la situación. Y aún tenemos resabios de la mentalidad indexadora que nos legó el finado sistema UPAC: yo subo los precios, tú subes los precios, él, nosotros, vosotros… lo cual se come cualquier aumento de sueldo, cuando se trata de salario mínimo.

En éste trasfondo, los gremios ofrecen un aumento del 3.2%, de cheveridad como quien dice, porque la inflación este año terminará en un magro 2,5%. Los representantes de los trabajadores se indignarán, las negociaciones se romperán una y otra y otra vez, y si no se transan, el gobierno terminará fijando por decreto el porcentaje que mejor le parezca.

La interpretación libertaria de la economía aborrece la noción de salario mínimo y señala que en Singapur éste no existe y sin embargo el nivel de vida es… el de un tigre asiático. Sin duda esta noción aquí se prestaría para el abuso, por la estructura actual del sistema, de lo que me gustaría hablar en otro post.

La razón que me puso a escribir esto es que en una pelea de dos contra uno, ya sabemos quien pierde siempre, lo que hace superflua la noción de “concertación”. Esta, es más bien una ilusión. Por favor, ahórrenos a los contribuyentes (el 100% de la población que compra cosas) lo que se gastan en los desplazamientos de los negociadores, los refrigerios, la energía gastada, y los ríos de tinta que corren por cuenta de este fútil remedo de acuerdo. Después de tantos años sabemos en qué va a terminar.

Dr. sipmac me echó!

Él dijo que me ascendía, dándome un nuevo blog. Yo le dije ya que tenía uno en Semana. Y ahora, tengo mi propio blog en blogspot.com, quiera o no quiera. En unos días veré si éste blog tendra acceso al público.Por ahora me doy la bienvenida a mi blog, y estaré pendiente de las vainas de Dr. sipmac.

Cordialmente,


El barranquillero promedio

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

El Dr. sipmac está en modalidad agitprop, así que yo decidí intervenir antes que el blog se vuelva demasiado “serio”. Es la misma quejadera que identifica a sipmacrants!, pero en una escala mucho menor. Para eso traje:

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

Por el barranquillero promedio

Pues sí, estoy revelando indirectamente mi edad al ponerme a escribir sobre la única base de mis recuerdos. Da igual. Hay guías Michelín, y todos los restaurantes de postín son evaluados con ojo crítico, pero de la comida rápida nadie se ocupa, descontando a “radio bemba” que ensalza y destruye negocios y reputaciones con proverbial rapidez.

Todavía una buena parte de los barranquilleros puede regresar a casa a almorzar, pero sin manejar ningún tipo de cifras, la mayoría de la población económicamente activa tiene que resignarse a comer por lo menos cinco veces a la semana por fuera de casa. En casos como los de los estudiantes universitarios, esta cantidad se puede duplicar. Y sin contar el fin de semana, cuando uno quiere “algo diferente, para variar”.

Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, había una ciudad parroquial que quería ser cosmopolita…

Solo a partir de cierta generación se tiene el recuerdo en que salir a comer afuera era todo un acontecimiento. Lo más parecido a eso para el grueso de la población era cuando el padre de familia llevaba a la casa una caja de arroz a la valenciana comprada en un restaurante chino del centro de la ciudad, para esa entonces todavía boyante. Una advertencia: no cuento al arroz de lisa, las arepas, los chicharrones y la fritanga en general como comida rápida. A ésta le cabría mejor el término de comida vernácula, o para no rebuscarse, comida típica.


A mediados y finales de los setentas había en la ciudad dos o tres pizzerías a lo sumo, y en la más económica, la preparación demoraba la friolera de cuarenta y cinco minutos (!). Los perros calientes y las hamburguesas, si no recuerdo mal, eran patrimonio exclusivo de la Heladería Americana, aunque su producto bandera era y sigue siendo el helado Frozomalt. El perro, en cuanto a preparación, era la receta tradicional: pan, salchicha, salsa de tomate, mostaza y la cebolla (opcional). La hamburguesa tampoco se salía de su canon.

Guerra gastronómica – ideológica

Con la llegada de los 80’s empezaron las novedades. En la calle 84 entre carreras 43 y 49 empezaron a abrir nuevas pizzerías, muy buenas, pero todavía muy costosas para el grueso del público. Presto abrió su primer punto de venta en la calle 72; cuando la gente comenzó a imaginarse cómo sería si McDonald’s llegara al país. Más de un purista de la variedad de izquierda y más de uno con un colombianismo mal entendido objetaban la llegada de la multinacional. Imagínense: nuestra bandeja paisa y nuestra mojarra frita no tenían nada que envidiarle a la insípida Big Mac. Además, la penetración cultural yanqui nos estaba agringando con modas y usos foráneos, lo que desdibujaba nuestra identidad latinoamericana. Que donde llegaba McDonald’s se acababan lo que acá llamamos los restaurantes de comidas corrientes (o corrientazos), los que venden la dieta favorita del colombiano: el ACPM (Arroz, Carne, Papa, plátano Maduro). ¿Y que tanto encanto con la dichosa pizza esa? Al fin y al cabo (créanme que lo decían así) se podía hacer una pizza criolla (a la colombiana) con una arepa grande sin sabor y echándole encima lo mismo de la pizza. Y lo hicieron. Lo que no sabían era que estaban reinventando la arepa venezolana.

Mientras tanto, entre tanto embeleco ideológico, las pizzerías eran un fenómeno de la juventud y Presto vendía todas las hamburguesas que podía, en medio de cierto ambiente elitista.

Cae el muro del elitismo: se democratiza la comida rápida


Hacia finales de los 80’s comienzan a aparecer las pizzerías de barrio (la que se demoraba 45 minutos preparando una pizza se convirtió en panadería, luego en tienda – estadero y luego en nada), y en el último año de la década aparece por fin la pizza callejera: decenas de hornos con tanquecitos de propano se apoderan de las esquinas de los barrios residenciales de la ciudad (y del centro también), ofreciendo pizza a precios asequibles para todos. Las pizzerías y los negocios de la calle 84 empiezan a bajar precios también. La popular “pizza con tierra” llega para quedarse, y por un instante es la reina.

Mientras tanto hay una no menos espectacular explosión de carritos esquineros donde preparaban perros calientes. La salchicha sigue siendo cocinada y el pan se mantiene caliente y fresco con vapor, pero aparece un fenómeno de complicación en la receta: el perro debe tener además de lo ya mencionado antes, papita frita desmenuzada, miel o piña y mayonesa. La inclusión de ingredientes tales como pollo, salchichón cervecero, pollo, butifarra y salchicha gourmet, alcanza su apogeo en el “Palacio del Perro”, un local donde la calidad era muy buena, el ingrediente necesario para convertir un negocio en una franquicia, pero esto nunca llegó a materializarse, por razones que desconozco. Otros negocios si alcanzaron a convertirse en franquicias, tales como “Donde Fabio” y “Harvey’s”, durarían muchos años.

Los 90’s y el espíritu grunge – barroco

A principios de la década aparece otro contendor más en la pelea: la salchipapa. Por fin encuentran que freír unas cuantas papas con unas salchichas es una forma rápida y rentable para salir del hambre. Mientras tanto, la combinación de ingredientes llega a su punto de saturación. La salchipapa sufre el mismo proceso que el perro caliente, víctima de la mentalidad del más es más: de la salsa de tomate, le añaden la consabida mayonesa y la redundante salsa golf o rosada. Y viene todavía un añadido de lechuga en el ya inevitable mazacote. La cebolla blanca picada al parecer nunca fue una favorita en el perro caliente de los barranquilleros, la lechuga también vendría a ocupar su lugar. Cuando aparece la mazorca desgranada, ésta sufre el mismo proceso. Resultado: casi toda la comida rápida disponible tiene un sabor sospechosamente parecido al de la pizza.

El sabor agresivo y mezclado hasta lo superlativo (grunge y barroco) de los perros calientes recibe una ayuda inesperada: las salchichas no se cuecen más, sino que son partidas por la mitad y asadas a la plancha. Los cocineros pretenden mejorar el sabor de la salchicha con una salsa más; chimichurri, lo cual no da el resultado esperado. En la actualidad, muy pocos sitios cuecen la salchicha, y no creo que aguanten ya mucho más. La idea de un perro callejero gourmet, la da la salchicha suiza, la cual reina ahora.

El pincho, shish kebab o chuzo, como se le llama en Barranquilla, también pasó por el mismo proceso de la salchipapa y la mazorca desgranada, mutando también en una especie de pariente del perro caliente: el chuzopan.

Con cada vez más frecuencia los barranquilleros comen por fuera de casa a cualquier hora del día. Como estará la cosa, que constantemente hay apertura de nuevos negocios de comida rápida y restaurantes (por cierto, aperturar no es ningún verbo, no existe en el diccionario), y la mayoría se consolidan. Pero no era raro encontrarse en el menú (ahora todos los negocios tienen menú, pendón y anuncio con diseño) la advertencia de que los ingredientes (sobre todo las carnes frías) con la cual se preparan las comidas son de primera calidad y de marcas reconocidas. ¿Qué tal?

No le voy a decir a nadie para donde tiene que ir a comer, no se trata de eso. Simplemente quería hacer una breve recordación de dónde venimos y dónde estamos. ¿Cuál es el estado actual de la comida rápida? No quiero ser demasiado radical, ni generalizar aun más de lo que ya generalicé; pero no dejo de recordar el comercial de "Cero Estrés" que ridiculizaba la tendencia: “¡Montones de papita! ¡Ríos de salsa! ¡Montañas de queso! ¿Y de la verdadera comida qué?”

Colorín colorado, disculpen lo mal que esto haya estado contado…
Enhanced by Zemanta

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

El Dr. sipmac está en modalidad agitprop, así que yo decidí intervenir antes que el blog se vuelva demasiado “serio”. Es la misma quejadera que identifica a sipmacrants!, pero en una escala mucho menor. Para eso traje:

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

Por el barranquillero promedio

Pues sí, estoy revelando indirectamente mi edad al ponerme a escribir sobre la única base de mis recuerdos. Da igual. Hay guías Michelín, y todos los restaurantes de postín son evaluados con ojo crítico, pero de la comida rápida nadie se ocupa, descontando a “radio bemba” que ensalza y destruye negocios y reputaciones con proverbial rapidez.

Todavía una buena parte de los barranquilleros puede regresar a casa a almorzar, pero sin manejar ningún tipo de cifras, la mayoría de la población económicamente activa tiene que resignarse a comer por lo menos cinco veces a la semana por fuera de casa. En casos como los de los estudiantes universitarios, esta cantidad se puede duplicar. Y sin contar el fin de semana, cuando uno quiere “algo diferente, para variar”.

Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, había una ciudad parroquial que quería ser cosmopolita…

Solo a partir de cierta generación se tiene el recuerdo en que salir a comer afuera era todo un acontecimiento. Lo más parecido a eso para el grueso de la población era cuando el padre de familia llevaba a la casa una caja de arroz a la valenciana comprada en un restaurante chino del centro de la ciudad, para esa entonces todavía boyante. Una advertencia: no cuento al arroz de lisa, las arepas, los chicharrones y la fritanga en general como comida rápida. A ésta le cabría mejor el término de comida vernácula, o para no rebuscarse, comida típica.

A mediados y finales de los setentas había en la ciudad dos o tres pizzerías a lo sumo, y en la más económica, la preparación demoraba la friolera de cuarenta y cinco minutos (!). Los perros calientes y las hamburguesas, si no recuerdo mal, eran patrimonio exclusivo de la Heladería Americana, aunque su producto bandera era y sigue siendo el helado Frozomalt. El perro, en cuanto a preparación, era la receta tradicional: pan, salchicha, salsa de tomate, mostaza y la cebolla (opcional). La hamburguesa tampoco se salía de su canon.

Guerra gastronómica – ideológica

Con la llegada de los 80’s empezaron las novedades. En la calle 84 entre carreras 43 y 49 empezaron a abrir nuevas pizzerías, muy buenas, pero todavía muy costosas para el grueso del público. Presto abrió su primer punto de venta en la calle 72; cuando la gente comenzó a imaginarse cómo sería si McDonald’s llegara al país. Más de un purista de la variedad de izquierda y más de uno con un colombianismo mal entendido objetaban la llegada de la multinacional. Imagínense: nuestra bandeja paisa y nuestra mojarra frita no tenían nada que envidiarle a la insípida Big Mac. Además, la penetración cultural yanqui nos estaba agringando con modas y usos foráneos, lo que desdibujaba nuestra identidad latinoamericana. Que donde llegaba McDonald’s se acababan lo que acá llamamos los restaurantes de comidas corrientes (o corrientazos), los que venden la dieta favorita del colombiano: el ACPM (Arroz, Carne, Papa, plátano Maduro). ¿Y que tanto encanto con la dichosa pizza esa? Al fin y al cabo (créanme que lo decían así) se podía hacer una pizza criolla (a la colombiana) con una arepa grande sin sabor y echándole encima lo mismo de la pizza. Y lo hicieron. Lo que no sabían era que estaban reinventando la arepa venezolana.

Mientras tanto, entre tanto embeleco ideológico, las pizzerías eran un fenómeno de la juventud y Presto vendía todas las hamburguesas que podía, en medio de cierto ambiente elitista.

Cae el muro del elitismo: se democratiza la comida rápida

Hacia finales de los 80’s comienzan a aparecer las pizzerías de barrio (la que se demoraba 45 minutos preparando una pizza se convirtió en panadería, luego en tienda – estadero y luego en nada), y en el último año de la década aparece por fin la pizza callejera: decenas de hornos con tanquecitos de propano se apoderan de las esquinas de los barrios residenciales de la ciudad (y del centro también), ofreciendo pizza a precios asequibles para todos. Las pizzerías y los negocios de la calle 84 empiezan a bajar precios también. La popular “pizza con tierra” llega para quedarse, y por un instante es la reina.
Mientras tanto hay una no menos espectacular explosión de carritos esquineros donde preparaban perros calientes. La salchicha sigue siendo cocinada y el pan se mantiene caliente y fresco con vapor, pero aparece un fenómeno de complicación en la receta: el perro debe tener además de lo ya mencionado antes, papita frita desmenuzada, miel o piña y mayonesa. La inclusión de ingredientes tales como pollo, salchichón cervecero, pollo, butifarra y salchicha gourmet, alcanza su apogeo en el “Palacio del Perro”, un local donde la calidad era muy buena, el ingrediente necesario para convertir un negocio en una franquicia, pero esto nunca llegó a materializarse, por razones que desconozco. Otros negocios si alcanzaron a convertirse en franquicias, tales como “Donde Fabio” y “Harvey’s”, durarían muchos años.

Los 90’s y el espíritu grunge – barroco

A principios de la década aparece otro contendor más en la pelea: la salchipapa. Por fin encuentran que freír unas cuantas papas con unas salchichas es una forma rápida y rentable para salir del hambre. Mientras tanto, la combinación de ingredientes llega a su punto de saturación. La salchipapa sufre el mismo proceso que el perro caliente, víctima de la mentalidad del más es más: de la salsa de tomate, le añaden la consabida mayonesa y la redundante salsa golf o rosada. Y viene todavía un añadido de lechuga en el ya inevitable mazacote. La cebolla blanca picada al parecer nunca fue una favorita en el perro caliente de los barranquilleros, la lechuga también vendría a ocupar su lugar. Cuando aparece la mazorca desgranada, ésta sufre el mismo proceso. Resultado: casi toda la comida rápida disponible tiene un sabor sospechosamente parecido al de la pizza.

El sabor agresivo y mezclado hasta lo superlativo (grunge y barroco) de los perros calientes recibe una ayuda inesperada: las salchichas no se cuecen más, sino que son partidas por la mitad y asadas a la plancha. Los cocineros pretenden mejorar el sabor de la salchicha con una salsa más; chimichurri, lo cual no da el resultado esperado. En la actualidad, muy pocos sitios cuecen la salchicha, y no creo que aguanten ya mucho más. La idea de un perro callejero gourmet, la da la salchicha suiza, la cual reina ahora.

El pincho, shish kebab o chuzo, como se le llama en Barranquilla, también pasó por el mismo proceso de la salchipapa y la mazorca desgranada, mutando también en una especie de pariente del perro caliente: el chuzopan.

Con cada vez más frecuencia los barranquilleros comen por fuera de casa a cualquier hora del día. Como estará la cosa, que constantemente hay apertura de nuevos negocios de comida rápida y restaurantes (por cierto, aperturar no es ningún verbo, no existe en el diccionario), y la mayoría se consolidan. Pero no era raro encontrarse en el menú (ahora todos los negocios tienen menú, pendón y anuncio con diseño) la advertencia de que los ingredientes (sobre todo las carnes frías) con la cual se preparan las comidas son de primera calidad y de marcas reconocidas. ¿Qué tal?

No le vo y a decir a nadie para donde tiene que ir a comer, no se trata de eso. Simplemente quería hacer una breve recordación de dónde venimos y dónde estamos. ¿Cuál es el estado actual de la comida rápida? No quiero ser demasiado radical, ni generalizar aun más de lo que ya gen
eralicé; pero no dejo de recordar el comercial de "Cero Estrés" que ridiculizaba la tendencia: “¡Montones de papita! ¡Ríos de salsa! ¡Montañas de queso! ¿Y de la verdadera comida qué?”


Colorín colorado, disculpen lo mal que esto haya estado contado…
Enhanced by Zemanta

martes, 1 de diciembre de 2009

Consigue un reality o muere intentándolo

¿Recuerdan a Lorena Bobbit? ¿A Tonya Harding? ¿Y a los hermanitos Menéndez? ¿NO? No hay por que sentirse mal por ello, si ya llegó una nueva camada de escándalos que los desplazaron con o sin justicia: Nadya Suleman alias “Octomom”, Balloon Boy, Jon y Kate Gosselin (¡más sus ocho hijitos!), y los recién llegados Michaele y Tareq Salahi, cuyo arribo a los titulares de prensa se debió únicamente a la auténtica hazaña haberse colado en la primera cena de estado de Barack Obama, burlando de paso al servicio de seguridad del presidente de los Estados Unidos y a Homeland Security, una agencia de seguridad interna creada por la administración Bush después y a propósito del 9/11.

Hay detalles en común muy interesantes que subyacen en el fondo de todas estas historias y una diferencia entre los escándalos nuevos y los viejos que es el signo de esta moribunda década. Los mínimos comunes denominadores de todas estas historias extravagantes son: la violencia y el desmedido cubrimiento de prensa que han tenido. No se engañen: el Sr. Heene usó de la manera más vil a su hijo en su inescrupulosa búsqueda de reconocimiento, lo obligó a mentir, y el niño simplemente no pudo sostener el cuento reforzado ante el escrutinio de la prensa y la policía. Octomom ya era madre de seis hijitos pero no era suficiente para ella, forzó a la naturaleza para tener ocho más. Los Gosselin, no contentos con la dificultad que implica criar a ocho hijos en esta época, pusieron a prueba su matrimonio ante la opinión pública, y éste no resistió. No es la violencia simbólica del vaso de agua del abstruso Antanas Mockus, tampoco es la violencia espectacular y sangrienta de Bobbit, Harding y los Menéndez, pero es violencia al fin y al cabo. Y como todos sabemos, la violencia genera mucho rating.

La diferencia entre lo viejo y lo nuevo es… ta-ta-ta-taaan… la televisión real. Antes la consigna era vender los derechos cinematográficos con tal de salir siquiera en la película de la semana, ahora es tener un reality de tres temporadas. Sí, los Heene, después de dos episodios en Wife Swap (Intercambiemos esposas) y de haber saboreado las mieles de figurar en televisión, decidieron que la mejor forma de conseguir que alguna cadena comprara el reality que habían estado vendiendo infructuosamente (¡un reality científico – ¡qué originales!) era generando una conmoción a nivel nacional. Octomom fue en cierta forma la inspiración para los Heene; sólo necesitó ser una desequilibrada y parir ocho hijos en un solo embarazo para conseguir su reality. El caso de los Gosselin es más patético: el matrimonio iba bien, decidieron que la familia saldría en un reality (la versión moderna de Ocho son suficientes), y como a cualquier estrellita recién llegada, al Sr. Gosselin se le subió la fama a la cabeza. Ahora está persiguiendo infructuosamente el estrellato en Hollywood. ¿Y los Salahi? La Sra. Salahi también está impaciente por ser contratada para el reality “The Real Housewives of D.C”.

Dos elementos que son muy comunes para los aspirantes a figurar en realities: la desesperación (el caso clásico de actores y actrices cuya carrera pende de un hilo o está completamente acabada) y la excentricidad o la locura (se supone que por regla un excéntrico o un loco hace cosas más interesantes que el resto de la humanidad). ¿Todo a cambio de qué?

Todo por la fama, y lo que esto conlleva; el tratamiento preferencial (“¿Usted no sabe quién soy yo? ¡Soy fulano de tal, un VIP!”), las entrevistas (los Salahi ya van a salir en Larry King Live) y la plata. Todo gobernado por el facilismo, porque cualquiera sabe que los realities son el penúltimo eslabón de la cadena alimenticia televisiva (El último eslabón es el de los televentas). La fama generada por ellos es muy pobre moneda de cambio y supremamente efímera. Si Ozzy Osbourne revivió su carrera, y Jessica Simpson logró estirar un poco la suya con sus respectivos shows, se tratan de excepciones que confirman la regla. Paris Hilton y Nicole Ritchie hubieran seguido siendo famosas con o sin “The Simple Life”. Danny Bonnaduce ha hecho chorrocientos realities y aunque no es exactamente un don nadie, tampoco llegó a la lista A de Hollywood. Otros perdedores como Dustin Diamond son simplemente payasos. Acéptenlo, aspirantes a figurar en realities; éstos son sólo para perdedores, payasos que divierten al público en muchas ocasiones sólo por la vergüenza ajena.

Parafraseando a 50 Cent, la consigna actual sería “Consigue un reality o muere intentándolo”.

***
Full disclosure: Dr. sipmac es un blogger. Como todos los bloggers que se la pasan opinando de lo divino y lo humano, Dr. sipmac desea tener lectores. Es decir, audiencia. Rating. ¿Acaso Dr. sipmac busca la fama? ¿Tendrá acaso el deseo inconfesable de figurar en un reality?
Enhanced by Zemanta

lunes, 30 de noviembre de 2009

Traduttore, traditore

El viejo adagio italiano (Traductor, traidor) raya en el cliché pero no deja de ser verdad. Dr. sipmac decidió publicar esta breve nota porque no hace mucho tiempo tuvo la oportunidad de leer una obra (considerada menor) de Norman Mailer: Los hombres duros no bailan/Tough boys don’t dance. Es decir, en su idioma original, el inglés; porque en español la había leído a finales de los 80’s. Y considerada menor, porque en Internet hay más referencias a la película que hizo el mismo Mailer que a la novela.

Para resumir; el protagonista, Tim Madden es un escritor fracasado, mantenido, adicto al bourbon y a las mujeres. Un día, después de haber sido abandonado por la palurda de su mujer, despierta con resaca y enlagunado. No recuerda nada de lo sucedido la noche anterior, y ese mismo día descubre en los bosques cercanos la cabeza decapitada de una rubia. Inseguro de su tuvo algo que ver con eso, empieza una labor detectivesca llena de flashbacks de una infancia, una adolescencia y temprana adultez prometedoras, pero culminando en el disminuido estado actual del escritor; ésta búsqueda sólo puede ser culminada gracias al padre bajo cuya sombra ha tenido que vivir, incluso estando ya casi vencido por el cáncer y los años. El hallazgo de la verdad será la única clase de justicia que se verá en el relato, porque ningún culpable será castigado en propiedad. Hasta hay una especie de final feliz, aunque decadente.

Como podrán imaginarse, al leer el original en inglés Dr. sipmac pudo constatar como acertaba una vez más el viejo aforismo: hay una distancia grande entre el original y la traducción. Para empezar, hay ideas que desaparecen y que oscurecen el sentido de la trama y de contera a algunos personajes. Otros elementos son difíciles de traducir por la cuestión de diferencias culturales, pero el traductor ni siquiera lo intenta. La sensación que queda de esto es la de haber leído dos novelas diferentes, una en español y otra inglés. Comparadas, la escrita en español es regular.

Sr. traductor de la novela: Dr. sipmac lamenta haber sido duro con Usted, pero deja constancia de que está familiarizado con el problema de traducir, así sea en pequeña escala. También ha tenido sus desaciertos.

A la editorial que quiera volver a editar la novela en español: por favor traten de hacerlo bien esta vez.

Campana de Gauss Vital (tomado de Internet)

Related articles Gauss Facts (neatorama.com) Why Is Everything Named After Gauss? (rjlipton.wordpress.com)