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jueves, 12 de julio de 2012

El Ascensor: reducto del elitismo.

Demasiado cerca de la humanidad...
Por obligación, a quienes viven o trabajan en edificios con ascensor, les toca hacinarse con regularidad en un cubículo que les ahorra el trabajo de subir o bajar escaleras. La proximidad de unos con otros produce una incomodidad que hace que la percepción del tiempo de permanencia en estas cajas se haga mayor de lo que realmente es, por lo que los usuarios instintivamente buscan evadir de alguna manera dicha incomodidad.

Dicho esto, para mí no deja de ser desagradable la popular costumbre de atender llamadas en el ascensor, como si no pudieran terminarla o empezarla fuera de él. El tiempo de presumir de que se tenía celular (que fue lo que originó esta modita bellaca), pasó ya hace mucho tiempo: todos tenemos celular y no tenemos porqué ostentarlo.

Ah, pero es que no todos tenemos Blackberry. Entonces los que no se tiran el corto espacio de tiempo del ascensor en una vana conversación, tienen que ponerse al día con sus redes sociales mientras suben o bajan, como si tampoco pudieran esperar un poco. Y sí, todos tenemos que saber que tienen plan de datos para estar siempre conectados.

Es extraño también, que en un espacio tan pequeño las diferencias sociales sigan y que por esto algunas personas se tornen invisibles para otras a pesar de la incómoda cercanía que impone el elevador. Una vez iba bajando cuando dos contratistas del estado colombiano iban hablando de sus negocios y de cómo a ellos no les servía recibir un contrato de “apenas” 5.000 milloncitos de pesos, lo de ellos era de 20.000, 30.000 o 40.000 millones. En esas fue cuando repararon en mi presencia y se callaron enseguida. Claro que el daño estaba hecho, y ya sabían que tan despreciables eran ellos para mí sin necesidad de decirles una sola palabra.

Pero no todo estaba perdido, los inefables contratistas todavía tenían algo de vergüenza.

El elitismo no para ahí. En algunos aparatos, no se sube o baja al primer piso, se llega al “lobby”, como si no existiera en español la palabra vestíbulo. Ni que decir del empresario que tiene la necesidad de un ascensor privado para no tener que mezclarse con sus empleados.

Será por eso que hay a quienes les gusta pedorrearse en los ascensores, para recordarles a quienes están ahí que son todos iguales: compañeros de infortunio.

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miércoles, 11 de enero de 2012

“Buen gobierno” no es “más gobierno”

"Me gusta ser capaz de despedir a las personas que me prestan servicios."

Mitt Romney (precandidato republicano a la presidencia estadounidense)

Esta debería ser la directiva que debería gobernar la trayectoria de los empleados públicos. La libertad de elegir, que en el sector privado permite que cuando hay competencia, ningún oferente se salga con la suya. En el sector público, la libertad de elegir no existe.

En nombre de la justicia social, la nómina oficial nunca para de crecer. Cada problema de la nación se soluciona con una ley, un impuesto y un instituto descentralizado (ahora se llaman agencias). Cuando no se vuelve fortín político la entidad, el sindicalismo hace que la entidad empiece a servir exclusivamente a quienes utilizan esa coraza para no tener que rendir cuentas nunca más a quienes les pagamos el sueldo.

Y es que en vez de servir a los contribuyentes colombianos (que somos todos), nosotros servimos a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; primero con sueldazos (porque sólo así se puede atraer talento al sector público — la misma lógica aplica tanto para Planeación Nacional como para el Congreso), y luego con pensionsazas y pasaportes diplomáticos a perpetuidad (porque no se puede rebajar la dignidad de la justicia ni de quienes forjan las leyes).

El poder legislativo no es una fábrica de leyes, hasta el presidente lo sabe. Hace muchos años, cuando Juan Manuel Santos era un cero a la izquierda en las encuestas, tenía una fundación llamada “Buen Gobierno”, una columna semanal, el único diario de circulación nacional y un poder quizá superior al que nominalmente ahora ostenta. Entre tantas cosas que promovió como ejemplo de “buen gobierno” era que el congreso dedicara al menos el período de una legislatura a eliminar leyes inútiles, caducas, contradictorias y contraproducentes.

Luego en su primer año de gobierno, nuestro presidente se ufanó de ser “eficiente” por haber impulsado y convertido en ley más de veinte proyectos, entre ellos un rimbombante “Estatuto Anticorrupción” (¡Otro más!).

Ahora en un extraño arrebato de sentido común (de esos que solía tener cuando escribía su columna semanal), Santos sancionó un decreto ley que elimina más de un centenar de trámites engorrosos (¡Otro más!).

¿Cuándo será entonces que se simplifique por fin ese despelote de exenciones, agujeros y troneras que es el estatuto tributario? ¿Cuándo se volverá a recoger la legislación aduanera que está dispersa? ¿Cuándo se eliminarán las leyes inútiles, caducas, contradictorias y contraproducentes?


Creo que será mejor agarrar el "ficho" y sentarse.
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lunes, 3 de octubre de 2011

Caradura: el estilo nacional

Caradura
Álvaro González, presidente de Difútbol con mal disimulado gusto cometió una "infidencia" el domingo pasado en El Tiempo: el pueblo colombiano hipócrita y de doble moral, por no perdonarle a Hernán Darío Gómez el "error tan grave que cometió."


Caradura
En realidad, si González supiera expresarse mejor y fuera más directo, le reprocharía a la opinión pública el que por una vez los dirigentes de la Federación Nacional de Fútbol hubieran tenido que doblegarse sin poder salirse con la suya, confirmando al "Bolillo" en medio de un escándalo mundial (que nunca entró en sus mezquinas cuentas) y una atípica oleada de indignación en un país en que el maltrato a las mujeres no se toma con seriedad.

Caradura
Si no que lo diga Liliana Rendón, que después de una serie de declaraciones desafortunadas sobre el caso "Bolillo", dejó en claro que le importaba muy poco lo que pensara la misma opinión pública de ella. Al fin y al cabo no votan por ella.


Caradura
El dirigente o político colombiano que está acostumbrado a comprar y amarrar sus votos, siente que lo que piense el resto de la gente no tiene nada que ver con él. Al fin y al cabo pagó por ser elegido. No le debe nada a nadie excepto a su clientela y en última instancia, a él mismo. ¿Y la prensa? Una partida de sapos metiches aguafiestas. O si no que lo diga Juan Carlos Martínez, que paga una condena por parapolítica, y sin embargo consigue salidas de la cárcel ante jueces, permisos fuera del alcance del preso promedio. Al parecer a Martínez sólo le importan las elecciones de Octubre, la gravedad de sus delitos y lo que sienta o piense la opinión es completamente deleznable. Además, está también el recurso de la "race card", la que para mal por fin está empezando a funcionar en el país.

Caradura
Sólo así se entiende por qué Juan Manuel Corzo pensaba que sus salidas geniales pasarían inadvertidas: inmunidad parlamentaria, vales de gasolina con cargo al erario. Si el público se molestaba, bastaba con que pasaran un par de semanas y éste se olvidaría de todo y todo volvería a funcionar a las mil maravillas (para él).

Lamentablemente para todos ellos facebook, twitter y demás redes sociales no dejan morir el escándalo y les mantienen la presión y el reflector encima.

Porque con caradura es como triunfaron en éste país. El secreto de su éxito ahora tiene una grieta.


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lunes, 15 de agosto de 2011

¡Que viva el sindicalismo y que se friegue el INPEC!

Una de las entidades poco apetecidas por los aspirantes a burócratas es sin duda el INPEC. No importa si su hoja de vida es buena, regular o mala, de la dirección del INPEC se sale quemado. Administrar las cárceles y con ellas la vida de 85.000 colombianos es en este momento una auténtica pesadilla. Y el sistema se encarga de hacinar aun más las cárceles persiguiendo a drogadictos antes que a atracadores y a homicidas.

Para remate, la novia fea de la administración pública tiene otro problemilla adicional: 34 sindicatos. Sí señor, así como suena, 34 sindicatos. Mientras que algunos sindicatos aspiran a unificarse en sindicato de industria, los guardianes del INPEC hacen lo mismo que hicieron los reguladores de Metrotránsito en el Departamento del Atlántico: más sindicatos significan más fueros sindicales, más permisos sindicales y más prebendas sindicales. La otra cara de la moneda de la marrullería sindical es simplemente la de una entidad ingobernable. No es aterrador que haya casi 9.000 investigaciones disciplinarias abiertas a los guardianes de prisiones. Lo aterrador es que no haya aún más con el terrible desorden que impera en el sistema penitenciario, y que sólo beneficia a los delincuentes de carrera, al crimen organizado, a la guerrilla, a los paramilitares...


... y a los sindicalistas.

domingo, 23 de enero de 2011

Vienen a Colombia los tiempos de la Prohibición

Desde tiempos inmemoriales existe lo que se ha denominado el monopolio rentístico departamental sobre los licores, lo que significa en la práctica que cada ente territorial se dedica a destilar y comercializar ron y/o aguardiente (los licores favoritos de los colombianos), lo que se denominó en su momento "el estado cantinero"; todo con el "noble" objetivo de financiar la salud y la educación pública de cada departamento. Nunca funcionó; en algún momento fue particularmente cruel y atroz, especialmente cuando a los maestros se les pagaba el sueldo con cajas de ron para que las malvendieran a su vez. El sistema de salud pública ha quebrado ante el descgreño y la corrupción. Sin embargo, nada de eso ha truncado la insensata vocación empresarial del estado, porque hay también mucha vocación burocrática y contratista que atender.

Mientras tanto, la realidad se ha encargado de erosionar, a pasos cada vez más agigantados, ese monopolio rentístico departamental. El gusto del público se decanta cada vez más a los vinos, el whisky y las cervezas importadas. La producción clandestina de licor (y la eufemísticamente disfrazada de "aperitivos") es cada vez más fuerte (y tecnificada). ¿Y del contrabando? Bien gracias, mejor que nunca. Según la fuente, el 75% del licor consumido en el país es de contrabando. Es entendible que los departamentos hayan demandado a los grandes productores de licor en el extranjero para que éstos sean resarcidos de todo los perjuicios ocasionados por el contrabando. Funcionó con los electrodomésticos; todavía existe el correo de las brujas, pero el 70% de los electrodomésticos comercializados en el país son completamente legales, algo que se creía imposible a finales de los 90's. Los hipermercados reemplazaron a los sanandresitos, pero no ha podido suceder algo en el campo de los licores, análogo a lo que sucedió también en el caso de los cigarrillos. La Constituyente de 1991 hubiera sido el escenario perfecto para eliminar este exabrupto conceptual; pero no, pudo más la inercia y la idea estúpida de que todo podría seguir como siempre. Algunos dirían que era una forma de impedir también que el Grupo Santo Domingo y la Organización Ardilla Lülle adquirieran más poder acaparando inmediatamente otro sector de la economía. En vez de esto, tenemos un contrabando de licores más fuerte que nunca, y en los canales legales, los departamentos también pierden terreno.
Ahora, como solución proponen el cierre del mercado a licores extranjeros a partir del 1º de Marzo de este año. Al parecer la Federación (otra vez el término insulso ése) Nacional de Departamentos tiene excesiva confianza en los poderes represivos de la DIAN y de la Fiscalía General de la Nación. Mientras tanto, las mafias que se dedican al contrabando y a la destilación clandestina deben frotarse las manos de imaginarse las ganancias colosales que les esperan de imponerse este asalto al sentido común. Ese dicho de que el que ignora la historia está condenado a repetirlo es muy cansón, pero en este caso no deja de ser cierto. Parece que vienen a Colombia los tiempos de la Prohibición.


Y mejor no hablemos de las loterías...
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Campana de Gauss Vital (tomado de Internet)

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