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miércoles, 6 de marzo de 2013

¡100.906 Visitas en el barranquillero promedio!

Es una gran satisfacción el que tantos visitantes hayan venido a este blog, muy tópico por cierto, porque básicamente se ocupa de la ciudad en que nací, crecí, vivo y quiero tanto. 

No siempre lo que publico en elbarranquilleropromedio.blogspot.com es color de rosa, aquí pasa cada cosa; sin embargo, me encanta escribir de mi Barranquilla, que tiene ese algo indescriptible que encanta y que no tiene ninguna otra ciudad del mundo.

Gracias a todos los 100.906 visitantes que han venido a elbarranquilleropromedio.blogspot.com, Barranquilla en Internet. Y sigan viniendo.

Dios los bendiga a todos.
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miércoles, 16 de enero de 2013

El Gran Chelo de Castro sigue por sus fueros

Hace ya algún tiempo me aventuré a exigir que no se metieran con Chelo de Castro, sin duda el periodista deportivo más longevo que tiene el país. El tierrero fue grande y todavía cada vez que el Deportivo Pasto le gana al Junior o disputa título viene algún "cúyigan" a despacharse conmigo. Y yo me mantengo en mis trece. 

Sin duda don Chelo es un hombre de una época que ya nos es difícil entender; a los 92 años ya no va a comer cuento de nadie. Y eso que yo mismo discrepo muchísimo de algunos de los conceptos que él maneja. Por ejemplo, su defensa a ultranza del amateurismo en el deporte. Desde todo punto de vista es una posición indefendible: sería ridículo que desde los dueños de canales de televisión, los fabricantes de uniformes y calzado deportivo; y sí, hasta los periodistas deportivos se lucraran del espectáculo del deporte, excepto los deportistas.

Pero eso no invalida el humor y los aciertos con los que acomete diariamente su columna "Palestra Deportiva" en El Heraldo. La esencia barranquillera destila en cada letra que escribe en su vieja máquina de escribir cuando el hombre está inspirado. Y si no, juzguen Ustedes:

¡Et pa plú! Como diría el Gran Chelo.  

domingo, 18 de noviembre de 2012

Cómic: Las aventuras del Barranquillero Promedio

De nuevo una breve reflexión sobre un tema recurrente de este blog, ahora en formato de cómic. Mientras unos alabamos el progreso, otros debemos señalar los nuevos problemas (y las posibles soluciones):

lunes, 11 de julio de 2011

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

El Dr. sipmac está en modalidad agitprop, así que yo decidí intervenir antes que el blog se vuelva demasiado “serio”. Es la misma quejadera que identifica a sipmacrants!, pero en una escala mucho menor. Para eso traje:

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

Por el barranquillero promedio

Pues sí, estoy revelando indirectamente mi edad al ponerme a escribir sobre la única base de mis recuerdos. Da igual. Hay guías Michelín, y todos los restaurantes de postín son evaluados con ojo crítico, pero de la comida rápida nadie se ocupa, descontando a “radio bemba” que ensalza y destruye negocios y reputaciones con proverbial rapidez.

Todavía una buena parte de los barranquilleros puede regresar a casa a almorzar, pero sin manejar ningún tipo de cifras, la mayoría de la población económicamente activa tiene que resignarse a comer por lo menos cinco veces a la semana por fuera de casa. En casos como los de los estudiantes universitarios, esta cantidad se puede duplicar. Y sin contar el fin de semana, cuando uno quiere “algo diferente, para variar”.

Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, había una ciudad parroquial que quería ser cosmopolita…

Solo a partir de cierta generación se tiene el recuerdo en que salir a comer afuera era todo un acontecimiento. Lo más parecido a eso para el grueso de la población era cuando el padre de familia llevaba a la casa una caja de arroz a la valenciana comprada en un restaurante chino del centro de la ciudad, para esa entonces todavía boyante. Una advertencia: no cuento al arroz de lisa, las arepas, los chicharrones y la fritanga en general como comida rápida. A ésta le cabría mejor el término de comida vernácula, o para no rebuscarse, comida típica.

A mediados y finales de los setentas había en la ciudad dos o tres pizzerías a lo sumo, y en la más económica, la preparación demoraba la friolera de cuarenta y cinco minutos (!). Los perros calientes y las hamburguesas, si no recuerdo mal, eran patrimonio exclusivo de la Heladería Americana, aunque su producto bandera era y sigue siendo el helado Frozomalt. El perro, en cuanto a preparación, era la receta tradicional: pan, salchicha, salsa de tomate, mostaza y la cebolla (opcional). La hamburguesa tampoco se salía de su canon.

Guerra gastronómica – ideológica

Con la llegada de los 80’s empezaron las novedades. En la calle 84 entre carreras 43 y 49 empezaron a abrir nuevas pizzerías, muy buenas, pero todavía muy costosas para el grueso del público. Presto abrió su primer punto de venta en la calle 72; cuando la gente comenzó a imaginarse cómo sería si McDonald’s llegara al país. Más de un purista de la variedad de izquierda y más de uno con un colombianismo mal entendido objetaban la llegada de la multinacional. Imagínense: nuestra bandeja paisa y nuestra mojarra frita no tenían nada que envidiarle a la insípida Big Mac. Además, la penetración cultural yanqui nos estaba agringando con modas y usos foráneos, lo que desdibujaba nuestra identidad latinoamericana. Que donde llegaba McDonald’s se acababan lo que acá llamamos los restaurantes de comidas corrientes (o corrientazos), los que venden la dieta favorita del colombiano: el ACPM (Arroz, Carne, Papa, plátano Maduro). ¿Y que tanto encanto con la dichosa pizza esa? Al fin y al cabo (créanme que lo decían así) se podía hacer una pizza criolla (a la colombiana) con una arepa grande sin sabor y echándole encima lo mismo de la pizza. Y lo hicieron. Lo que no sabían era que estaban reinventando la arepa venezolana.

Mientras tanto, entre tanto embeleco ideológico, las pizzerías eran un fenómeno de la juventud y Presto vendía todas las hamburguesas que podía, en medio de cierto ambiente elitista.

Cae el muro del elitismo: se democratiza la comida rápida

Hacia finales de los 80’s comienzan a aparecer las pizzerías de barrio (la que se demoraba 45 minutos preparando una pizza se convirtió en panadería, luego en tienda – estadero y luego en nada), y en el último año de la década aparece por fin la pizza callejera: decenas de hornos con tanquecitos de propano se apoderan de las esquinas de los barrios residenciales de la ciudad (y del centro también), ofreciendo pizza a precios asequibles para todos. Las pizzerías y los negocios de la calle 84 empiezan a bajar precios también. La popular “pizza con tierra” llega para quedarse, y por un instante es la reina.
Mientras tanto hay una no menos espectacular explosión de carritos esquineros donde preparaban perros calientes. La salchicha sigue siendo cocinada y el pan se mantiene caliente y fresco con vapor, pero aparece un fenómeno de complicación en la receta: el perro debe tener además de lo ya mencionado antes, papita frita desmenuzada, miel o piña y mayonesa. La inclusión de ingredientes tales como pollo, salchichón cervecero, pollo, butifarra y salchicha gourmet, alcanza su apogeo en el “Palacio del Perro”, un local donde la calidad era muy buena, el ingrediente necesario para convertir un negocio en una franquicia, pero esto nunca llegó a materializarse, por razones que desconozco. Otros negocios si alcanzaron a convertirse en franquicias, tales como “Donde Fabio” y “Harvey’s”, durarían muchos años.

Los 90’s y el espíritu grunge – barroco

A principios de la década aparece otro contendor más en la pelea: la salchipapa. Por fin encuentran que freír unas cuantas papas con unas salchichas es una forma rápida y rentable para salir del hambre. Mientras tanto, la combinación de ingredientes llega a su punto de saturación. La salchipapa sufre el mismo proceso que el perro caliente, víctima de la mentalidad del más es más: de la salsa de tomate, le añaden la consabida mayonesa y la redundante salsa golf o rosada. Y viene todavía un añadido de lechuga en el ya inevitable mazacote. La cebolla blanca picada al parecer nunca fue una favorita en el perro caliente de los barranquilleros, la lechuga también vendría a ocupar su lugar. Cuando aparece la mazorca desgranada, ésta sufre el mismo proceso. Resultado: casi toda la comida rápida disponible tiene un sabor sospechosamente parecido al de la pizza.

El sabor agresivo y mezclado hasta lo superlativo (grunge y barroco) de los perros calientes recibe una ayuda inesperada: las salchichas no se cuecen más, sino que son partidas por la mitad y asadas a la plancha. Los cocineros pretenden mejorar el sabor de la salchicha con una salsa más; chimichurri, lo cual no da el resultado esperado. En la actualidad, muy pocos sitios cuecen la salchicha, y no creo que aguanten ya mucho más. La idea de un perro callejero gourmet, la da la salchicha suiza, la cual reina ahora.

El pincho, shish kebab o chuzo, como se le llama en Barranquilla, también pasó por el mismo proceso de la salchipapa y la mazorca desgranada, mutando también en una especie de pariente del perro caliente: el chuzopan.

Con cada vez más frecuencia los barranquilleros comen por fuera de casa a cualquier hora del día. Como estará la cosa, que constantemente hay apertura de nuevos negocios de comida rápida y restaurantes (por cierto, aperturar no es ningún verbo, no existe en el diccionario), y la mayoría se consolidan. Pero no era raro encontrarse en el menú (ahora todos los negocios tienen menú, pendón y anuncio con diseño) la advertencia de que los ingredientes (sobre todo las carnes frías) con la cual se preparan las comidas son de primera calidad y de marcas reconocidas. ¿Qué tal?

No le vo y a decir a nadie para donde tiene que ir a comer, no se trata de eso. Simplemente quería hacer una breve recordación de dónde venimos y dónde estamos. ¿Cuál es el estado actual de la comida rápida? No quiero ser demasiado radical, ni generalizar aun más de lo que ya gen
eralicé; pero no dejo de recordar el comercial de "Cero Estrés" que ridiculizaba la tendencia: “¡Montones de papita! ¡Ríos de salsa! ¡Montañas de queso! ¿Y de la verdadera comida qué?”


Colorín colorado, disculpen lo mal que esto haya estado contado…
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jueves, 20 de agosto de 2009

A Bailar y a Gozar con la Saporrita!

Por el Barranquillero Promedio

Esta es una crítica musical que debía hacer desde niño. Sin importar lo que digan algunos conocidos, creo tener una mente muy abierta para poder apreciar obras musicales en distintos géneros. Es muy fácil ponerse a decir que Michael Jackson es un verraco, pero mucho más difícil ponerse a analizar el sospechoso parecido estructural entre “Black or White”, y “If You Can’t Rock Me” de los Rolling Stones.

Siguiendo en esta ocasión por el camino difícil quería destacar especialmente el trabajo que hizo Luis Felipe González con la Banda Don Filemón a.k.a la Super Banda (en Colombia). Paso difícil de dar, porque este Lp está catalogado en el género – gasp – de la raspa, el chucu-chucu, ustedes saben.
La mayoría de la gente recuerda a "La Saporrita" nada más, un término jocoso en los años 70’s para las muchachas pasadas de kilos, hoy gracias al trabajo de propaganda y difusión lingüística del dúo De Francisco – Moure, es un término peyorativo. Pero para mí este LP, empezando por el corte anteriormente mencionado, es una obra maestra de principio a fin.

Muy pocas (o quizá ninguna) orquestas del mismo género tuvo tanta ambición en cuanto a sonidos, arreglos, composiciones e interpretación, tal como se ven a lo largo del disco. Incorporar sonidos como los del piano eléctrico (o fender?), la flauta, el clarinete, la guitarra eléctrica; pasar por el porro, el vallenato, la salsa, la cumbia, el chachachá, el rock, el jazz tradicional “diexieland” y la música clásica, en fin... creo que doy a entender mi punto y lamento que este trabajo no hubiera sido mejor apreciado.

Por ejemplo, más fácil para el que tenga el disco de marras: en “Un Poco Enamorado”, la canción arranca con un acompañamiento de piano eléctrico y bajo, poco llamativo quizá. El tema termina con el mismo acompañamiento, pero son los instrumentos de viento los que indican que se trata de una adaptación de los primeros compases de la inconfundible “Rhapsody in Blue de George Gershwin”.


“La Ternera”, ¿un porro salseado más de la época o un vallenato arreglado para orquesta? Por lo menos unos quince años de “Carolina Rock & Roll” de Wilfrido Vargas, “Para Dos Seres”, con una extraña melodía pasa del bolero al cha-cha-chá al rock sin necesidad de trancazos. Sí, una lección de fusión, y esta vez cabe el término sin caer en el cliché.

Desde mi punto de vista de simple aficionado, éste sin duda es uno de los mejores LP's de la música latina en los años 70. Si lo tiene a la mano, apresúrese a escucharlo de nuevo. Se lo recomiendo.
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martes, 28 de noviembre de 2006

Where art thou, Barranquillero Promedio?

I'm not gonna take it anymore!

Dr. sipmac hopes you are not taking your shot of hemlock, like your late colleague, Socrates The Ignoramus. BTW, Dr. sipmac is wondering if you are writing, too. Tell us where are you.

Campana de Gauss Vital (tomado de Internet)

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