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lunes, 5 de septiembre de 2011

Los Jóvenes Preguntan, Dr. sipmac responde

Nota de Dr. sipmac: Tengo lectores y conocidos que son agnósticos y ateos, quienes encontrarán sin duda este post como una pérdida de esfuerzo, tiempo y píxeles, pero qué le voy a hacer, aquí voy:

Hay preguntas de ésas “incómodas”, que suelen hacer los niños y que luego adultos suelen declarar obsoletas, inútiles o irreales. En realidad, son preguntas que sí tienen respuesta, sólo que las respuestas no suelen satisfacer (o interesar) a nadie. Los Jóvenes Preguntan, Dr. sipmac responde:

1. ¿Es pecado pronunciar obscenidades si no emites ningún sonido? Suena a ése otra “oldie but goldie” “¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo? Mientras en asuntos profanos el principio es el de no someter a juicio a un ser humano por sus pensamientos, en asuntos religiosos es al contrario: lo que importa son los pensamientos y por ellos nada más puedes ser encontrado culpable. Así no digas ciertas palabras en voz alta, la intención es la que cuenta. Por esto George Orwell consideraba a la religión como algo no muy diferente de un estado totalitario.




2. ¿Está bien mofarse de la gente que está en el infierno cuando ya tú estás en el cielo? Mofarse del sufrimiento ajeno es una actitud mezquina que desdice de un reino de los cielos. Bonita forma de pasar la eternidad (“lero, lero”)…








3. ¿No cree que la dicha eterna, con el tiempo, debe acabar haciéndose aburrida?
Uno de los conceptos más difíciles de entender es el de eternidad. Y en la eternidad del más allá simplemente no puede existir el tiempo. La noción, quizá, pero la realidad del tiempo no.











4. ¿Tienen alma los dinosaurios? No. ¿Para qué?













5. Si contara un chiste muy, muy bueno, ¿podría hacer reír a Dios?
Entonces explícame primero cómo piensas sorprender a alguien que lo sabe todo. Dios tendría que dejar de ser omnisciente y omnipotente. A ver, otra.












6. ¿Por qué la oración no hace que los pececitos muertos vuelvan a la vida? No puedes invocar en vano la acción divina, como para algo tan chichipato.









7. Si el dinero es la causa de todos los males, ¿por qué tenemos que trabajar? Uff, ésta sí que es fácil. De acuerdo a la escritura, no es el dinero, es el **amor** al dinero (Timoteo 6:10, léase codicia) la causa de todos los males. Confronta esta codicia con la del episodio del pecado original, cuando no “había” dinero. Y el trabajo es un mandato divino.









8. Si en vida fueras masoquista, ¿no sería una recompensa ir al infierno y un castigo ir al cielo? ¡Piénsalo bien!
¿Y si al llegar al infierno, parte del tormento fuera que te quitaran esa capacidad de disfrutar de los tormentos? ¿No sería acaso el primer tormento? A ver, otra.






9. ¿Por qué existe el sufrimiento? ¡Bingo! La respuesta es ésta: cuando el primer humano pecó, ese pecado desencadenó una catástrofe espectacular que deformó la creación, trayendo al mundo el dolor, el sufrimiento y la muerte. Eso sí, la verdad es que la pregunta que sigue que es “¿Cómo es posible que un sólo acto de desobediencia haya producido tanto desbarajuste?”, no la sé responder.




¿Qué por qué hice esto? Fácil. Las viñetas prácticamente me cayeron del cielo…

jueves, 21 de septiembre de 2006

¿Quién es Ratzinger? ¿Quién es Benedicto XVI?


Kart Rahner (reputado teólogo de la época previa al Concilio Vaticano II), Hans Küng (un renombrado teólogo disidente) y Joseph Ratzinger mueren el mismo día, se encuentran ante San Pedro para saber cual será su destino en la otra vida.

San Pedro se acerca a ellos y les dice que tendrá una entrevista con cada uno de ellos para “discutir sus puntos de vista en varios temas”.

San Pedro señala a Rahner y le dice: “¡Karl! A mi oficina…” Después de unas cuatro horas, se abre la puerta y Rahner sale arrastrando los pies. Está como abstraído y murmura algo como: “!Oh, Dios, eso fue lo peor que pude haber hecho! ¡Como pude haberme equivocado tanto! Lo siento… nunca supe…”. Andando sin cambiar el paso se dirige al cielo, como una muestra más de la misericordia de Dios.

Sale nuevamente San Pedro y señala con el dedo a Küng y le dice: “¡Hans, te toca!”. Después de 8 horas, se abre de nuevo la puerta y aparece Küng cabizbajo, contrito, apenas se puede tener en pie. Está al borde del colapso y su espíritu está abatido. El también murmura cosas como: “!Oh, Dios, eso fue lo peor que pude haber hecho! ¡Como pude haberme equivocado tanto! Lo siento… nunca supe…”. De la misma forma que Rahner se dirige al cielo, como una prueba más de la misericordia de Dios.

Finalmente, sale San Pedro de su oficina y le dice a Ratzinger: “Joseph, tu turno”. DOCE HORAS DESPUES, San Pedro abre la puerta, aparentemente exhausto, diciendo: “!Oh, Dios, eso fue lo peor que pude haber hecho!...”
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Campana de Gauss Vital (tomado de Internet)

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