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martes, 12 de julio de 2011

Dejen quieta a la moto de los almuerzos!


Otro día y otro foul ball del Periódico ADN: Si bien a nadie le gusta la invasión del espacio público, el hecho de que se metan con una moto que vende almuerzos a precios económicos en la Carrera 53 a unos diez metros de la Calle 72, no tiene perdón por parte de una clientela que no puede ir a su casa a almorzar todos los días y que necesita que la plata le rinda.
Si fuera más malicioso (que no lo soy), diría que parece un favorcito que le estuviera haciendo la competencia de las inmediaciones, castigándole a la señora de la moto el éxito que tiene. A esos competidores les diría: compitan con calidad y precios! No se escuden en un periódico para decir lo que les disgusta!

Que conste, no soy dueño ni tengo intereses en la moto de los almuerzos (excepto el de ser un cliente regular!)

martes, 15 de marzo de 2011

Serie Ultralocal - Historia de dos franquicias pollíferas que quieren mantenerse ultralocales

Piko Riko y American Broasted Chicken son franquicias distintivas de la ciudad de Barranquilla, cuando a estas horas de la vida ya no podemos presumir de tener muchas marcas con presencia nacional (eeeeeee iiinternacional). Cementos del Caribe, Vivero y Ley pasaron a mejor vida, Avianca y Cerveza Águila cambiaron de dueños; nos quedan Fedco, Olímpica, Junior y los asaderos de pollos antes mencionados, entre otros.

No entiendo la mentalidad que permea los negocios de comida en Barranquilla. La Heladería Americana demoró literalmente décadas en percatarse que tenía potencial de expansión y que, con una renovación de imagen podría tener nuevos locales en la ciudad. Quizá dentro de unas décadas más puedan atreverse a hacerlo en otras ciudades. De la misma forma, los asaderos emblema de la ciudad han visto como se le han metido al rancho todas las franquicias que han querido, de McDonald’s y KFC para abajo… ¿y ellos?

Piko Riko tiene la ventaja de que para mí siempre será el estándar, la medida con la cual compararé otras opciones. Pero el estándar dorado es de la década del ’70, ni más ni menos. El súper pollo tierno y rico no es ni la sombra de lo que fue. Como dije antes, para saborear ahora el pollo de antes, hay que ir a la 72 con 38 esquina. El sitio no tendrá ninguna estética, pero la sazón lo compensa con creces.

De paso, no ayuda mucho abrir una cadena “gourmet” cuando el menú que ofreces no tiene nada de notable y el servicio es bastante regular.

American Broasted Chicken fue la sensación cuando apareció: ¡una nueva preparación! ¡Nuevo sabor! Después de expandirse y de convertirse en parte del paisaje, les dio la modorra de la cotidianidad. Se esfuerzan en darle un buen aspecto a los locales, pero de alguna forma (e igual que con Piko Riko) queda la impresión de que los mejores días de la cadena ya pasaron.

Para rematar, da la impresión de que durante décadas hubo una especie de “pacto de no agresión” entre las potencias pollíferas quilleras: ninguno invadiría los predios del rival. Parece que ahora el pacto se rompió y PR ofrece pollo broasted y ABC pollo asado. En estos carnavales probé el broasted de PR. Una cosa es que los borrachos coman (y beban) cualquier cosa que les pongan (y más en carnaval), pero yo no estaba ajumao, ni remotamente siquiera. No me gustó: carne insípida bajo una cubierta tiesa y olor a manteca caliente. Todavía no he probado la novedad de ABC, espero que no me decepcionen.

¿Cuáles son mis sugerencias?

1. Calidad: es increíble que después de tanto tiempo tuvo que venir una cadena del interior del país para poder comer una hamburguesa realmente buena. Me gustaría saber de un sitio netamente barranquillero donde hagan hamburguesas tan buenas como las de El Corral.
2. Precio: ¿sabían que en Medellín se puede comer por la mitad de lo que se paga en Barranquilla? ¿Será porque aquí están acostumbrados a otros márgenes de ganancia?
3. Imagen: la comida entra por los ojos. ¿Acaso hay que agregar más?

El problema es que nuestros grandes se han dejado amodorrar en medio de una letal autocomplacencia. Por ejemplo, tener galpones llenos de pollos que hay que comercializar no significa que los restaurantes donde se asen puedan hacerlos de cualquier manera. Los galpones no son garantía de permanencia tampoco. Una de las marcas más queridas de Barranquilla, la del café Almendra Tropical, fue imbatible en su momento. Pero igual desapareció. Tener una cadena de restaurantes ahora, no significa que no pueda aparecer de la nada otra que te haga desaparecer.


Alábate pollo, que mañana te guisan…

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domingo, 25 de julio de 2010

La urna centenaria currambera (¿por qué no?)


El criptomarihuanero de Carl Sagan y el criptomamagallista de Albert Einstein, entre otros científicos, consideraban que era posible viajar en el tiempo, pero sólo hacia el futuro remoto, nunca al pasado. Pues bien, qué mejor forma de demostrarlo que con una urna centenaria sellada el 31 de Octubre de 1910 a las 08:00 PM, para ser recién abierta en la conmemoración del bicentenario del grito de independencia, el 20 de Julio de 2010.

Sin duda la apertura de la urna centenaria fue para mi el gran evento de esta efémerides cuyo significado, afortunadamente y poco a poco fue insuflando entusiasmo en los colombianos de todas las regiones y todos los orígenes, atávicamente condicionados a despreciar per se todo lo que tenga que ver con su terruño. Qué más emocionante que hace cien años, un grupo de colombianos lanzara una botella mamotrética a las aguas del tiempo, sin la certeza de que esta fuera a llegar a sus destinatarios, sus compatriotas de cien años en el futuro. Todo un acto de fe.

Del contenido, ya todos sabemos: documentos, copias del acta de la independencia, cuadros de costumbres y estampas de la Bogotá de la época. ¡Incluso un sablazo, digo una petición de ayuda que demoró un siglo en llegarnos!
Para Barranquilla, que siempre se ha preciado de ser pionera en todo, en esta nos metieron un gol de media cancha. Ya hay más de un proyecto de urna para ser abierta en el 2110, pero no escucho de ninguna urna barranquillera. ¿Por qué no? Si hay tanta cosa buena de la que podemos dejar constancia para nuestra descendencia... y sin sarcasmos. Como dijeron en El Tiempo con motivo de la nueva urna:
Pero, como la historia no solo se repasa, sino que se construye, es importante que dejemos nosotros también una urna interesante, como la que se prepara para cerrarse en septiembre. Los habitantes del 2110 deben saber cómo se proyectó el metro, por ejemplo, o cómo eran estas calles de hoy y cuáles eran los principales desafíos capitalinos. Ojalá, para esa fecha, algunos problemas conocidos sean tan solo un recuerdo. Así que, aparte de admirar a nuestros antepasados, debemos pensar en nuestros descendientes. A los que les debemos escribir responsablemente, como el señor Londoño.
Si pudiéramos escoger algo, digamos una imagen, ¿cual sería? ¿La Catedral, el estadio Roberto Meléndez, el Buenavista 1 y 2? ¿Ninguna de ellas? Y si nos tocara escoger documentos ¿cuáles serían? ¿Los periódicos del día? ¿El último bando de la reina del Carnaval? ¿Y como en el Arca de la Alianza, podríamos guardar unas buitifarras, unas arepas de dulce y unos chicharrones del Guásimo? ¿Podríamos echar unas cuantas USB's con la música del carnaval de todos los tiempos?

¿Ustedes que dicen? Recuerden, sólo cosas buenas, hagámosle un regalo hermoso a los barranquilleros del futuro.



jueves, 10 de diciembre de 2009

Un almuerzo horrible

Por el barranquillero promedio

Una historieta de Justo y Franco sobre comida en cafetería de grandes almacenes presagió cual sería el futuro de los barranquilleros que tuvieran que comer allí a finales de la primera década del siglo XXI. El menú de la historieta era:



¿Qué tal? No más me fui a comer hoy un corrientazo en la cafetería de un gran almacén bien cachetoso: arroz amarillito, carne en bistec, espaguetis con chorizo, papas a la francesa, sopa de pollo y gaseosa. Las dudas empezaron con la sopa de pollo: tenía demasiado pollo, y de eso tan bueno no dan tanto. Recordé entonces que en la cafetería también vendían pollo asado y que el pollo de la sopa era el que no habían vendido ayer, despojado de su respectiva piel. Paso con la sopa.

Ataco las papas a la francesa. No tengo idea todavía si son del día de ayer, pero están retostadas y nada frescas. Paso con las papas. Cuando voy a los espaguetis, recuerdo que también venden chorizos en la cafetería. ¿También estarían reciclándolos? Y para rematar la carne estaba tiesa. Mejor dicho, la sola duda me mantiene indigesto.

Algunos tips para quienes les toca almorzar afuera y no pueden llevar el almuerzo de su casa:
  • Si les gusta la sopa, pidan entonces el sancocho del día. Es más costoso, pero es del día.
  • No pidan el arroz trifásico. Debería llamarse arroz de sobrantes o arroz de lo que no se vendió en toda la semana.
  • El fricasé de pollo, el chop suey de pollo o cualquier preparación de éste que no sea frita o asada, es muy probable que sea reciclada.
  • Otra fuente de reciclaje el muy mal llamado gulash, que normalmente no tiene que ver nada con el original.

´Parafraseando a Forrest Gump: “El corrientazo del día es como una caja de chocolates; nunca sabes lo que te va a tocar.” Pero puedes intentar, digo yo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

El Dr. sipmac está en modalidad agitprop, así que yo decidí intervenir antes que el blog se vuelva demasiado “serio”. Es la misma quejadera que identifica a sipmacrants!, pero en una escala mucho menor. Para eso traje:

Serie Ultralocal – Historia incompleta y semicoherente de la comida rápida en Barranquilla (De mediados de los 70’s al presente).

Por el barranquillero promedio

Pues sí, estoy revelando indirectamente mi edad al ponerme a escribir sobre la única base de mis recuerdos. Da igual. Hay guías Michelín, y todos los restaurantes de postín son evaluados con ojo crítico, pero de la comida rápida nadie se ocupa, descontando a “radio bemba” que ensalza y destruye negocios y reputaciones con proverbial rapidez.

Todavía una buena parte de los barranquilleros puede regresar a casa a almorzar, pero sin manejar ningún tipo de cifras, la mayoría de la población económicamente activa tiene que resignarse a comer por lo menos cinco veces a la semana por fuera de casa. En casos como los de los estudiantes universitarios, esta cantidad se puede duplicar. Y sin contar el fin de semana, cuando uno quiere “algo diferente, para variar”.

Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, había una ciudad parroquial que quería ser cosmopolita…

Solo a partir de cierta generación se tiene el recuerdo en que salir a comer afuera era todo un acontecimiento. Lo más parecido a eso para el grueso de la población era cuando el padre de familia llevaba a la casa una caja de arroz a la valenciana comprada en un restaurante chino del centro de la ciudad, para esa entonces todavía boyante. Una advertencia: no cuento al arroz de lisa, las arepas, los chicharrones y la fritanga en general como comida rápida. A ésta le cabría mejor el término de comida vernácula, o para no rebuscarse, comida típica.


A mediados y finales de los setentas había en la ciudad dos o tres pizzerías a lo sumo, y en la más económica, la preparación demoraba la friolera de cuarenta y cinco minutos (!). Los perros calientes y las hamburguesas, si no recuerdo mal, eran patrimonio exclusivo de la Heladería Americana, aunque su producto bandera era y sigue siendo el helado Frozomalt. El perro, en cuanto a preparación, era la receta tradicional: pan, salchicha, salsa de tomate, mostaza y la cebolla (opcional). La hamburguesa tampoco se salía de su canon.

Guerra gastronómica – ideológica

Con la llegada de los 80’s empezaron las novedades. En la calle 84 entre carreras 43 y 49 empezaron a abrir nuevas pizzerías, muy buenas, pero todavía muy costosas para el grueso del público. Presto abrió su primer punto de venta en la calle 72; cuando la gente comenzó a imaginarse cómo sería si McDonald’s llegara al país. Más de un purista de la variedad de izquierda y más de uno con un colombianismo mal entendido objetaban la llegada de la multinacional. Imagínense: nuestra bandeja paisa y nuestra mojarra frita no tenían nada que envidiarle a la insípida Big Mac. Además, la penetración cultural yanqui nos estaba agringando con modas y usos foráneos, lo que desdibujaba nuestra identidad latinoamericana. Que donde llegaba McDonald’s se acababan lo que acá llamamos los restaurantes de comidas corrientes (o corrientazos), los que venden la dieta favorita del colombiano: el ACPM (Arroz, Carne, Papa, plátano Maduro). ¿Y que tanto encanto con la dichosa pizza esa? Al fin y al cabo (créanme que lo decían así) se podía hacer una pizza criolla (a la colombiana) con una arepa grande sin sabor y echándole encima lo mismo de la pizza. Y lo hicieron. Lo que no sabían era que estaban reinventando la arepa venezolana.

Mientras tanto, entre tanto embeleco ideológico, las pizzerías eran un fenómeno de la juventud y Presto vendía todas las hamburguesas que podía, en medio de cierto ambiente elitista.

Cae el muro del elitismo: se democratiza la comida rápida


Hacia finales de los 80’s comienzan a aparecer las pizzerías de barrio (la que se demoraba 45 minutos preparando una pizza se convirtió en panadería, luego en tienda – estadero y luego en nada), y en el último año de la década aparece por fin la pizza callejera: decenas de hornos con tanquecitos de propano se apoderan de las esquinas de los barrios residenciales de la ciudad (y del centro también), ofreciendo pizza a precios asequibles para todos. Las pizzerías y los negocios de la calle 84 empiezan a bajar precios también. La popular “pizza con tierra” llega para quedarse, y por un instante es la reina.

Mientras tanto hay una no menos espectacular explosión de carritos esquineros donde preparaban perros calientes. La salchicha sigue siendo cocinada y el pan se mantiene caliente y fresco con vapor, pero aparece un fenómeno de complicación en la receta: el perro debe tener además de lo ya mencionado antes, papita frita desmenuzada, miel o piña y mayonesa. La inclusión de ingredientes tales como pollo, salchichón cervecero, pollo, butifarra y salchicha gourmet, alcanza su apogeo en el “Palacio del Perro”, un local donde la calidad era muy buena, el ingrediente necesario para convertir un negocio en una franquicia, pero esto nunca llegó a materializarse, por razones que desconozco. Otros negocios si alcanzaron a convertirse en franquicias, tales como “Donde Fabio” y “Harvey’s”, durarían muchos años.

Los 90’s y el espíritu grunge – barroco

A principios de la década aparece otro contendor más en la pelea: la salchipapa. Por fin encuentran que freír unas cuantas papas con unas salchichas es una forma rápida y rentable para salir del hambre. Mientras tanto, la combinación de ingredientes llega a su punto de saturación. La salchipapa sufre el mismo proceso que el perro caliente, víctima de la mentalidad del más es más: de la salsa de tomate, le añaden la consabida mayonesa y la redundante salsa golf o rosada. Y viene todavía un añadido de lechuga en el ya inevitable mazacote. La cebolla blanca picada al parecer nunca fue una favorita en el perro caliente de los barranquilleros, la lechuga también vendría a ocupar su lugar. Cuando aparece la mazorca desgranada, ésta sufre el mismo proceso. Resultado: casi toda la comida rápida disponible tiene un sabor sospechosamente parecido al de la pizza.

El sabor agresivo y mezclado hasta lo superlativo (grunge y barroco) de los perros calientes recibe una ayuda inesperada: las salchichas no se cuecen más, sino que son partidas por la mitad y asadas a la plancha. Los cocineros pretenden mejorar el sabor de la salchicha con una salsa más; chimichurri, lo cual no da el resultado esperado. En la actualidad, muy pocos sitios cuecen la salchicha, y no creo que aguanten ya mucho más. La idea de un perro callejero gourmet, la da la salchicha suiza, la cual reina ahora.

El pincho, shish kebab o chuzo, como se le llama en Barranquilla, también pasó por el mismo proceso de la salchipapa y la mazorca desgranada, mutando también en una especie de pariente del perro caliente: el chuzopan.

Con cada vez más frecuencia los barranquilleros comen por fuera de casa a cualquier hora del día. Como estará la cosa, que constantemente hay apertura de nuevos negocios de comida rápida y restaurantes (por cierto, aperturar no es ningún verbo, no existe en el diccionario), y la mayoría se consolidan. Pero no era raro encontrarse en el menú (ahora todos los negocios tienen menú, pendón y anuncio con diseño) la advertencia de que los ingredientes (sobre todo las carnes frías) con la cual se preparan las comidas son de primera calidad y de marcas reconocidas. ¿Qué tal?

No le voy a decir a nadie para donde tiene que ir a comer, no se trata de eso. Simplemente quería hacer una breve recordación de dónde venimos y dónde estamos. ¿Cuál es el estado actual de la comida rápida? No quiero ser demasiado radical, ni generalizar aun más de lo que ya generalicé; pero no dejo de recordar el comercial de "Cero Estrés" que ridiculizaba la tendencia: “¡Montones de papita! ¡Ríos de salsa! ¡Montañas de queso! ¿Y de la verdadera comida qué?”

Colorín colorado, disculpen lo mal que esto haya estado contado…
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Campana de Gauss Vital (tomado de Internet)

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