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lunes, 2 de julio de 2012

Las calles de Barranquilla: vueltas M

Seis meses es un compás de espera más que razonable para empezar a juzgar la gestión (o la falta de ella) de nuestra alcaldesa Elsa Noguera. Y es que hay que hablar de falta de gestión: 

* Las calles de Barranquilla, después de un fugaz e inútil reparcheo por la época del carnaval, están completamente reventadas, sin que se sepa de si se tomarán medidas para repararlas. Para cualquiera que haya ido a Medellín, este es un motivo de profunda verguenza, porque sabe que sí es posible que la malla vial de una ciudad esté en buen estado. Los pretextos abundan, la decisión escasea.

* Al parecer, la labor de los curadores urbanos es decirle que sí a todo. No de otra forma podrían proliferar bares, discotecas y estaderos reventando música a todo timbal en sectores residenciales. Es lo mismo para el estrato cero como para el siete u ocho. En la carrera 51 con calle 79, los habitantes del sector luchan para que no les embutan más consultorios médicos. En la carrera 46 con calle 82, los pocos que quedan de un sector residencial que fue de mostrar, tienen que aguantarse la bullaranga que antes poblaba la calle 51B con carrera 79. Cualquiera que pase por estos sitios se encontrará con los carteles de protesta.

* La lucha contra la inseguridad se queda en vagas proclamas y anuncios y "consejos de seguridad" que no resuelven nada. Uno de los impuestos más burlones e hirientes que pagan los barranquilleros es el de "vigilancia policial", cuyo cobro viene en el recibo de la luz. Alguno de Ustedes sabe cómo es que se gastan esa plata?

* Mientras tanto, la calle 72 y la carrera 53 van tomando cada vez mayor aspecto de pueblo fantasma.   

Y es que el tener que pagar una fortuna en predial, servicios públicos y valorización no le salva a uno del abuso que implica la desvalorización de una propiedad asediada por la planeación anárquica y desordenada. Mientras tanto, nuestra alcaldesa, que dejó como secretaria de hacienda de Alex Char al distrito de Barranquilla en superávit, ahora espera al parecer los recaudos de valorización y predial para empezar a hacer algo.

Como es esto posible? Alcaldesa, como diría Chelo de Castro: Ay, "Clopa": qué decepción!

miércoles, 3 de agosto de 2011

Una boñiga de perro con un pañuelo amarrado

Por el barranquillero promedio.

Disculpen la demora, pero me costó varios días recuperarme de la vergüenza de las sesenta bombillas reventadas que dejaron en penumbras un “espectáculo” lastimero. Del sonido de quinta que casi dejó en ridículo al presidente, a los cantantes… ni Shakira, ni Juanes ni Carlos Vives… no friegue, ni Michael Jackson con El Joe revividos hubieran podido salvar esa vaina.

El problema fue la logística. No hubo coordinación, absolutamente ninguna entre los diferentes actores del show. Ni un solo plan de contingencia tampoco. Gracias a la Fundación Carnaval por semejante despliegue de profesionalismo. Y a Doña Rossana Lignarolo, que al parecer pensó en armar su rutina con sus 2000 bailarines, y que la transmisión de televisión podía hacerse sin libreto, más bien “freestyle”, como los reguetoneros. Ni un solo ensayo con las cámaras de televisión para ver como se podría ver el “espectáculo” por fuera del estadio. ¿Será verdad que apenas ensayaron 5 veces en el estadio? Y este es en realidad un segundo strike para la Sra. Rossana, porque en un evento anterior y similar a este quedó debiendo.
A las autoridades de Barranquilla, gracias también. Por organizar un evento al aire libre que se fregara por algo tan cotidiano como la lluvia. Un estadio techado hubiera podido reducir las probabilidades de fiasco, pero no, eso no se necesitaba para remodelar el "Roberto Meléndez". Porque no se necesita ser un genio de la coreografía para saber que con una cancha mojada y sin paga los bailarines no podían rendir lo mismo. Y si le hubieran puesto techo al estadio, probablemente todavía no habrían terminado.
A todos los que participaron en la presentación al mundo de semejante boñiga de perro con un pañuelo amarrado que costó seis mil millones de pesos o tres milloncitos de dólares y que le esquilmaron la paga a los 2000 bailarines, gracias, muchas gracias. Gracias por creer (¡EN PLENA ERA DE TWITTER Y FACEBOOK!) que podían embarajar y desmentir cualquier embarrada, echándole la culpa a las bombillas, a la lluvia, al sonido, a las cámaras… en fin, a cualquier objeto inanimado que no tenga que dar declaraciones ni rendir descargos.

A Jorge Celedón… pues bien, francamente yo no espero que se ponga a cantar en inglés (lo que se espera de un mundial de fútbol es un tema en inglés, pero la FIFA lo encontró así OK no más) ni mucho menos, pero el tema no me gustó ni cinco… no tiene la emoción de un “Waka Waka”, o de una “Fiesta” o el “Cumbión del Junior.” En fin, para gustos hay colores.


Pero los demás, ¡que empiecen a dar la cara y a contestar el teléfono!
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sábado, 9 de julio de 2011

Los Bobales, tradición(?) barranquillera???

El gran Alvaro Cepeda Samudio definía a ciertos dirigentes cívicos barranquilleros como "bobales", o bobos grandes y asociados. Era un superlativo local del muy castizo "bobo", que cayó en desuso, tuvo un breve resurgimiento a finales de los 80's y quedó nuevamente como pieza de museo, desplazado por otros términos impublicables en este blog (i.e, güeva, güevón, pendejo).

El ya casi arcaísmo "Bobal" tenía cierta cierta connotación política, la que el bobal de marras confundía cada dos por tres con los términos "cívico", "civismo" y con la misma ingenuidad pintoresca proclamaba su amor por la ciudad y de la misma forma se metía en la política, donde la falta de cierto cinismo redentor (definido como desconfianza de los motivos expresados por los demás), los hacían quedar... bueno, los hacían quedar como bobales.

A muchos bobales los atropelló el feo cambio de costumbres políticas que trajeron sobre todo los años 70's en la ciudad, sobre todo porque estaban en el poder y no esperaban menos que eso y no sabían ir a favor de la corriente del clientelismo frentenacionalista y el natural relevo generacional. Todavía recuerdo al último alcalde bobal (o cívico) que fue nombrado en esta ciudad. Después de una pomposa y rimbombante posesión (en la que invocó el espíritu cívico en la basuresca Barranquilla de los 80's), los bríos del nuevo e impoluto burgomaestre se estrellaron contra la muralla inexpugnable que era el concejo. Fin de la historia de "El Ultimo Bobal" en el poder.
No me malinterpreten, porque las intenciones de los bobales podían ser loables; pero como Ustedes saben, sin astucia y audacia (y sentido común), el camino al Transmetro... digo al infierno está pavimentado (?) de buenas intenciones (y planes de desarrollo y urbanizaciones sobre terrenos inestables).

No crean acaso que el espíritu bobal se ha extinguido, pues donde vean una sarta de lugares comunes sobre cómo se debería administrar esta ciudad en forma de ríos de tinta y torrentes de píxeles, más ejecutorias despalomadas y descriteriadas (vg. los monorrieles transmétricos, el cierre de la Carrera 46 entre Calles 72 y 74, las restricciones para cierto tipo de vehículos y para otros no, campañas institucionales ridículas), allí encontrarán un bobal.


El siglo XXI... es la era del ciberbobal?

Campana de Gauss Vital (tomado de Internet)

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