
“Los derechos de los niños prevalecerán sobre los de los demás”, dice la constitución colombiana; la vieja frase de cajón “los niños son el futuro de la patria” ya no circula tanto como antes, pero sigue por ahí: no hace mucho hacían una campaña televisiva para que los niños que fueran a hacer mandados a las tiendas fueran atendidos primero (“Primero los niños”), y así ad nauseam.
Si fuera verdad tanta belleza lo de "primero los niños", las parejas más educadas y con mejores trabajos tendrían de a cinco hijos cada una, porque lo único que mantiene el sistema de pensiones, el impositivo y el de salud entre tantos, es que haya más gente sosteniéndolos en su vejez, no menos. Y si fueran educadas, lo sabrían. Si bien me parece ilógico que prevalezcan los derechos de un grupo de individuos que no pueden valerse por sí mismos, pues es mejor proteger primero los derechos de quienes pueden velar por ellos, es claro que para la supervivencia de una especie como la humana, las crías merecen especial cuidado para su desarrollo.
Ahora, el concepto moderno de una niñez protegida y feliz fue creado en el siglo XIX, después de los horrores de una revolución industrial que convirtió a los pobres del mundo desarrollado en poco menos que carne molida. Bien, bien. Resulta que en algunas partes del globo la gente no se ha dado por notificada de que no se debe explotar laboralmente a la niñez, etc., etc. El principio general es no arruinar lo que debe ser la época más feliz de la vida: juegos, aprendizaje (preferiblemente mediante juegos), descubrir el mundo (preferiblemente mediante juegos), y mucho afecto de parte de los padres. ¿Se me olvidó mencionar lo del juego?
No es broma. Recuerdo un boletín de calificaciones de un niño que rezaba en la portada “Jugando se aprende”. En fin, como había mencionado antes, la revolución industrial significó un maltrato infantil inadmisible en una época de “ilustración”. Por aquellas épocas, obras tales como “
Oliver Twist” se encargaron de denunciar públicamente aquella situación. En el extremo opuesto de la literatura de la época (por lo menos para efectos de lo que escribo), están los personajes de fantasía pura:
Alicia (símbolo del incauto-inocente metido en una vacaloca, y que inspiraría a tantos adolescentes y adultos jóvenes del mundo anglosajón a drogarse en los 60’s – nada es real –) y
Peter Pan, entre otros.

Peter Pan es una metáfora feliz en el sentido en que es todo un símbolo, conocido y perfecto: el niño que nunca crece. Pero no lo es en el sentido en que representa al niño que
nunca crece.
Muchas cosas pueden ser visualizadas y funcionan; no por nada estoy escribiendo esto en un computador, y a veces a pesar de toda la buena voluntad y determinación simplemente no funcionan por inviables; es decir,
Charles Babbage sabía qué era un computador y como lo quería hacer, en su época simplemente no existía la tecnología suficiente y adecuada para fabricar uno. La Niñez Eterna funciona a las mil maravillas en Nunca Jamás, pero el mundo real no lo permite de ninguna forma. Alguien puede intentarlo pero…
Veamos, supongamos que a alguien se le concediera ser eternamente niño en el mundo real, no nos vamos a meter con nadie en específico, hagamos solamente el ejercicio. Primero, como lo haría Bill Clinton, pediría una definición de niñez. ¿Sería bueno quedar de cuatro años? ¿De ocho? ¿De doce? Ahora, ¿tendría que permanecer inmaduro emocionalmente para siempre? ¿Pataletas por todo? ¿Por mucho que jugara no aprendería nada?
Y si se le permitiera madurar emocionalmente a ese alguien-niño-eterno, ¿Qué se sentiría tener por toda la vida un cuerpo de niño para una mente adulta? Hay por todos lados de la civilización occidental gente que vive en estado adulto y midiendo entre un metro cuarenta y un metro cincuenta. Para las mujeres no es tan difícil vivir así, pero para los hombres sí lo es.
Hasta ahora, imposibilidad de recibir y asumir responsabilidades por inmadurez emocional es el único supuesto beneficio en el inventario, pero bueno, alguien que tuviera síndrome de down tendría exactamente el mismo paquete, de hecho alguien que sufra de este mal congénito alcanza una edad mental máxima de 13 años… hm, pero a los trece normalmente empieza la adolescencia, ¿verdad? Y también los adolescentes y adultos pueden ser bastante irresponsables sin ser eternamente niño. Queda el asunto de poder jugar todo lo que se quiera, pero el juego deja de ser un medio para convertirse en el fin. Tal como lo es para un tahúr, ni más ni menos.

Un niño que no puede crecer, no puede físicamente en algunos casos manejar un automóvil y definitivamente en ningún otro, tampoco podría votar, no puede ver todas las películas que desee ver, tiene un toque de queda en algunas partes del mundo y es vulnerable.
Analicemos ahora todo un fenómeno que se está gestando: la expansión de la adolescencia. Ahora tenemos mayores hasta de 35 que para todos los efectos se comportan como adolescentes, ni siquiera como adultos jóvenes; y en el otro extremo del espectro, niños que desean actuar y hablar como mayores. Ambos grupos no están solos en su deseo, los medios de comunicación y la presión social de sus pares, conspiran y apoyan para que esto sea así. ¿Disculpe usted, pero podría imaginarse un hilo dental para una niña de 4 años? Sí, si existen y están a la venta (Aghh, suena como el sueño de un pederasta hecho realidad). Hay modas de adultos que son miniaturizadas para consumo ávido de menores. Niños con artículos electrónicos que estaban asociados al consumo adulto.
Bien, si tenemos una nueva generación que está inadvertidamente siendo madurada biche, ¿qué podría hacer con ellos nuestro Peter Pan inmaduro para siempre? Vaya, podría estar excluido y sin tener un Nunca Jamás a donde ir. Si el valor de la inocencia es algo deseable, lo siento mucho, pero no es patrimonio exclusivo de la niñez. Tampoco lo es el asombro, la fe inquebrantable ni la simplicidad de espíritu.
Para finalizar, veamos dos casos reales de personas que se niegan a crecer. El primero de ellos es el del conocido de todos: Michael “Yo soy Peter Pan”Jackson. No quiero extenderme mucho en la vida del individuo excepto para notar que si bien ha llevado la vida de niñito que ha querido, esto no lo ha protegido de los problemas. Además del escarnio público al que ha sido sometido, el aparente fin de su carrera de artista, no satisfecho con eso, al parecer quiere convertir a sus propios hijos en personas tan desajustadas como él.
Lástima que no tengo el nombre del último “caballero”, pero tiene una extraña especialidad: comportarse como si tuviera entre diez y doce años. Tiene baja estatura y una extraña fisonomía que le hace ver como niñito a sus treinta y tantos. Vive rastreando familias con niños perdidos en Europa y Estados Unidos y se hace pasar por el niño, goza por un tiempo de la felicidad del reencuentro hasta que lo atrapan. Su última fechoría lo hizo con una familia del sur de Estados Unidos y está pagando cárcel.
Bonus track (¿Es un Peter Pan, una Wendy, y en caso tal, es recuperable?):